PORQUE LAS NUEVAS INVERSIONES NO
HARÁN DERRAME A LOS SECTORES MAS
POBRES
Por Prof. Mg. Patricia D'Aste
El ministro de Economía como el propio Presidente están convencidos de que las
inversiones que podrían llegar al país tendrán efectos positivos que se “derramarán” a
toda la sociedad como si fuera agua bendita.
Si bien es posible que eso ocurra en la teoría, es difícil que se dé en la práctica. No tiene
que ver con una visión pesimista sobre el futuro, sino con un análisis de nuestra breve
historia y de las pautas culturales que hemos ido adquiriendo a lo largo del tiempo.
Es como si una copa se colmara con exquisita bebida y luego comenzara a derramar
por sus bordes para que todos pudieran probarla. Claro que, para que eso suceda, los
dueños de la copa, por lo general grandes empresarios, deberían tener una actitud
generosa y responsable, y compartir al menos una parte de los beneficios
Como suele ocurrir en Argentina, después de 2003 el péndulo se fue hacia el otro
extremo, se estatizó lo privatizado, se reguló lo desregulado, se intervino en todos los
mercados, se retrasó el tipo de cambio, y los funcionarios, que se creían dueños eternos
de los destinos de sus conciudadanos, se sintieron poderosos y comenzaron a gozar
de un alto grado de impunidad, aprovechando el respaldo de muchos militante.
El Estado inflado se tornó inmanejable para sus propios creadores, sobrevino el
descontrol y terminó con un virtual vaciamiento de las arcas públicas. Lo más penoso
es que se vaciaron también los conceptos: honestidad, verdad y política.
Hoy frente a los datos de la pobreza, vemos la dificultad histórica de “perforar” un piso
estructural de pobreza de 25-30% (a escala de las metodologías actualmente utilizadas
por la EPH-INDEC o la EDSA-ODSA) que permita aprovechar un virtual derrame positivo
de la economía.
Los niveles actuales de pobreza se asemejan a escenarios como los de 1983, 1987,
1991, 1994 o 2009-2010. Tanto la desigualdad persistente como la pobreza estructural
son resultado de un modelo económico-productivo concentrado y desequilibrado con
efectos de exclusión y desigualdad a nivel socio-laboral.
De ahí que aunque devengan inversiones, no habrá derrame hacia los sectores menos
dinámicos si no hay políticas activas de desarrollo local-regional, hacia el sector
informal y las economías sociales.