“Smart Cities” y la importancia de las
ciudades intermedias
Por Prof. Mg. Patricia D'Aste
Vivimos en un mundo urbano, ya que el 54% de la población mundial vive en ciudades.
Las Américas es el continente más urbanizado a nivel mundial: según el último informe
World Urbanization Prospects de Naciones Unidas, el 82% de la población de América
del Norte y el 80% de América Latina y el Caribe viven en zonas urbanas, seguidos por
Europa (73%), África (40%) y Asia (48%). Para 2030 se proyecta que el 90% de la
población de América Latina vivirá en ciudades.
Esta afirmación que parece muy prometedora en verdad esconde detalles que deben
atender a los hacedores de las agendas públicas. Si no existe planificación, la
urbanización creciente podría dañar el medioambiente y acelerar el cambio climático,
impactando negativamente en los niveles de pobreza y desigualdad, entre otras
consecuencias perjudiciales para la calidad de vida de las personas.
En la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la Vivienda y el Desarrollo Urbano
Sostenible (Hábitat III), que se realizó en Quito, Ecuador, entre el 17 y el 20 de octubre
de 2016, surgió un acuciante pedido de evitar el éxodo de población desde las pequeñas
ciudades hacia las megaciudades como Buenos Aires. Ya son muchas las poblaciones
en el interior de varias provincias argentinas que se han ido despoblando por la falta de
empleos, la baja competitividad de la producción rural y la pérdida de calidad de vida.
Transformar a las ciudades intermedias, de entre 50.000 y 200.000 habitantes, en
Ciudades Inteligentes, es una oportunidad histórica.
Qué es una ciudad inteligente? es una ciudad que usa los sistemas informáticos y de
comunicación para hacer más inteligentes, interconectados y eficientes los
componentes críticos de la infraestructura y los servicios de la misma: gobernanza,
salud, educación, seguridad pública, vivienda, trasportes y servicios públicos.
Cuáles son los beneficios que ofrecen las ciudades inteligentes?. Oportunidades para
una gobernabilidad y gestión más eficaces en los ámbitos de seguridad, salud,
educación, servicios sociales y cultura. Al ser de menor tamaño que otras ciudades, se
facilita la conectividad, siendo potencialmente más eficientes, verdes y
económicamente viables.
Además, tienden a ser más cercanas a su población por lo que facilitan la cohesión
social y sentido de identidad y pertenencia.
Generan empleos y ofrecen tierra y vivienda a precios más accesibles de los existentes
en las megaciudades y extienden los servicios de la ciudad a las zonas rurales,
proporcionando un mercado para productos agropecuarios, lo que contribuye a superar
la pobreza y la desigualdad.
Planificar el desarrollo urbano alrededor de las ciudades de mediano porte, es una
materia pendiente en todas las plataformas electorales de los partidos políticos
argentinos, ocupados en fascinar con sus promesas a las superpobladas barriadas de
las grandes ciudades.